La pakhlava azerbaiyana se arma con masa de levadura estirada fina, no con filo. Las capas son exactamente ocho, y en Bakú ese número se respeta.
La superficie se pinta con infusión de azafrán, no con yema. Eso da a la corteza un naranja amarillento, y por ese color se distingue la pakhlava de Bakú de la turca.
Se corta en rombos antes de hornear y en el centro de cada uno se hunde una nuez. Cortarla después es imposible: las capas se hacen añicos.






