Lo que separa la pavlova del merengue común es el vinagre y la maicena. El ácido estabiliza la clara, el almidón retiene la humedad, y el centro queda suave como malvavisco.
El horno no se abre y la torta no se saca: al terminar se apaga el calor y la pavlova se enfría adentro varias horas. Un cambio brusco de temperatura agrieta toda la superficie.
Lleva el nombre de Anna Pávlova, que giró por Australia y Nueva Zelanda en 1926. Los dos países reclaman el postre, y la discusión lleva casi un siglo.






