El guisante gris es una variedad local, más grande y más oscura que el verde, de piel gruesa y sabor a fruto seco. El guisante corriente se deshace en puré; aquí se quieren granos enteros.
El remojo es obligatorio y largo: doce horas como mínimo. Sin él hierven tres horas y aun así se quedan duros por dentro.
En Navidad el cuenco debe apurarse hasta el último guisante: según la tradición, cada uno que se deja es una lágrima el año que viene. Por eso las raciones se sirven pequeñas.