El plato nace de lo de ayer: bacalao cocido y patata cocida que sobraron de la comida, reunidos en una bechamel. En Islandia no es señal de pobreza, sino una cena corriente entre semana.
El pescado se desmiga con las manos y no con el tenedor: los dedos encuentran las espinas que el tenedor pasa por alto. En el plato terminado no debe quedar ninguna.
Se sirve con rúgbrauð, el pan de centeno oscuro, a menudo dulzón y cocido al vapor. El contraste entre el pescado salado y el pan dulce forma parte del plan.