Las tortas se fríen muy finas, casi translúcidas por los bordes. Una placka gruesa se queda cruda por dentro y el punto crujiente, que es de lo que va todo, no llega nunca.
El ajo y la mejorana se ponen con generosidad. En la versión eslovaca son el sabor principal y no un fondo, y por ellos se distinguen las placky de los draniki polacos o bielorrusos.
De harina va lo mínimo, solo lo justo para que la masa aguante. Cada cucharada de más hace que la torta sepa a pan en lugar de a patata.