La masa se estira a dos o tres milímetros, hasta transparentar. Una masa gruesa da pocas vueltas, y la potica se juzga justo por el número de capas en el corte.
El relleno se unta tibio, no caliente: caliente derrite la mantequilla de la masa y el rollo se desarma al enroscarlo.
Se hornea en molde redondo con tubo al centro. No es por estética: sin él el centro queda crudo cuando los bordes ya se queman.






