El lavash se acomoda solapado con los bordes colgando fuera del molde, y tras el relleno se doblan hacia adentro. Al hornear se empapa de mantequilla y se vuelve una cáscara crujiente: el gazmaj.
El arroz se hierve a medio punto y se escurre. Después termina al vapor dentro del lavash y no necesita más agua: todo el sabor viene del azafrán, la mantequilla y la carne.
El shah plov llega entero a la mesa y se corta de arriba abajo. A cada uno le toca costra, relleno y arroz en una porción: ese es el sentido de la construcción.






