La sadza se cuece en dos tiempos: primero unas gachas ligeras con parte de la harina, después se añade el resto en lluvia y se trabaja hasta que quede densa. Todo de golpe da grumos.
La sadza terminada debe mantener la forma en la mano sin pegarse a los dedos. Así se comprueba: se pellizca un trozo, se hace una bola y se hunde el pulgar, y ya hay una cuchara para la salsa.
La carne se guisa largo y sin florituras: cebolla, tomate, sal. El sabor lo dan la propia carne y el tiempo, y la cocina zimbabuense usa pocas especias.