La hulba —fenogreco batido— se hace aparte y lleva horas: las semillas se remojan de noche y luego se baten con agua hasta una espuma blanca tipo mousse. No hay atajo.
La madra, olla de piedra volcánica, se calienta al rojo y el plato llega hirviendo a la mesa. Sigue burbujeando varios minutos, y eso es parte del servicio.
Se come con las manos, mojando pan y tomando guiso y espuma a la vez. La cuchara no se usa, y comer las capas por separado no se estila.






