Del dominicano lo distingue su sencillez: una carne en vez de siete, una raíz en vez de cinco. El sancocho panameño es sopa, no guiso.
El culantro no es cilantro sino otra planta, de sabor más filoso y persistente. A diferencia del cilantro aguanta la cocción larga, y entra desde el principio.
El ñame se deshace y espesa el caldo. Una parte se pisa dentro de la olla: ese es el único espesante, y aquí no se usa harina.






