Los pimientos se asan a la llama y se pelan. Ese punto ahumado es lo que separa la chakchouka tunecina de la shakshuka israelí, que lleva el pimiento crudo.
La salsa se reduce mucho tiempo, hasta quedar como una pasta espesa, y solo entonces entran los huevos. Una salsa ligera no los sostiene y la clara se escapa por toda la sartén.
La harissa se integra en la salsa en lugar de servirse aparte. La versión tunecina pica por definición, y una chakchouka suave se considera aquí a medio hacer.