El skyr es técnicamente un queso, no un yogur: se hace con cuajo y se cuela para separar el suero. De cuatro litros de leche sale un litro de skyr.
La leche se calienta a 85 grados y se enfría a 40 antes de sembrar el cultivo. El primer calentamiento desnaturaliza la proteína y da la densidad; el segundo es la temperatura a la que trabajan los fermentos.
Se cuela en tela seis horas o más. Cuanto más cuelga, más denso: el skyr islandés debe sostener la cuchara parada.






