El nombre se traduce literal: tiga es maní, dègèna es salsa. La pasta aquí es la base, no un agregado, y no van menos de trescientos gramos por olla.
La pasta se afloja con caldo y se vierte en hilo fino, revolviendo. Un grumo caído en caldo caliente se agarrota y queda como nudo denso hasta el final.
La salsa se cocina hasta que el aceite de maní sube a la superficie. Como en el moambé congoleño, eso es señal de punto y no de sobrecocción.






