La masa va con agua caliente y grasa derretida. El agua caliente afloja el gluten, y la torta sale tierna y ampollada en vez de acartonada.
Al centro se le hace un tajo o un agujero. Por ahí escapa el vapor, y la torta se fríe pareja en lugar de inflarse como un globo y reventar.
Se fríen los días de lluvia — costumbre tan firme que en Uruguay al mal tiempo le dicen «día de tortas fritas». Es un rito gastronómico más que una receta.






