El trdelník se vende en Praga como tradición checa antigua, pero llegó de la frontera eslovaco-húngara y recién se masificó en las ciudades checas en los años dos mil. No lo hace peor, pero es más honesto saberlo.
La cinta se enrolla solapando un tercio de su ancho. Menos, y el trdelník se desarma al sacarlo; más, y las capas no se hornean y el centro queda crudo.
El azúcar va sobre el rodillo antes de enrollar, no solo por fuera. Carameliza entre la masa y el metal y da esa costra interior crujiente que a las versiones caseras suele faltarles.






