La acidez la aporta el borș, un líquido fermentado de salvado de trigo, y no la remolacha ni el vinagre. Es suave y con un fondo a pan, y el limón la sustituye solo de forma aproximada.
El borș entra al final y no se hierve mucho: la acidez se pierde y el sabor se aplana. Cinco minutos bastan.
La zeamă se cocina contra el resfriado, contra la resaca y sin más los domingos. El levístico va en abundancia: es el olor por el que se reconoce la sopa desde la puerta.