El chile relleno es un plato de técnica más que de lista: asar y pelar el poblano, capear sin que el huevo se baje, freír sin que el queso escape. Ninguno de los tres pasos perdona la prisa.
El capeado es un merengue con yemas: claras a punto firme, yemas incorporadas una a una. Se hace en el último minuto — cinco minutos de espera y se desinfla para siempre.
El caldillo va debajo del chile, no encima. Es la diferencia entre un capeado crujiente y uno empapado.
