El pabellón es la bandera de la cocina venezolana en el sentido literal: cuatro colores en un plato, servidos por sectores y sin mezclar. Cada parte se cocina sola y se junta con las otras recién en la mesa.
La carne se deshebra a mano y a lo largo de la fibra — en hilos, no en migas. La falda existe para esto: una hora y veinte de olla y se deja peinar con los dedos.
Las caraotas mandan una regla vieja: la sal entra cuando ya están blandas. Salarlas al principio endurece el hollejo sin remedio.
