El pastel de choclo es el plato del verano chileno, cuando el choclo está en su punto de leche. La tapa dulce sobre el pino salado y con comino es el contraste que define el plato — y la costra de azúcar quemada arriba no es capricho, es firma.
El pino se hace la víspera: la cebolla, que lleva tanto volumen como la carne, necesita una noche para integrarse y dejar de leerse como ingrediente aparte.
La fuente de greda no es decoración. Guarda el calor y dora la costra parejo; en vidrio los bordes se queman antes de que el centro cuaje.
