El coq au vin fue en su día la solución para un gallo viejo y duro: una noche en vino y horas de cazuela. El gallo desapareció de las tiendas, pero el método quedó, porque convierte un pollo corriente en comida de domingo.
La noche en la marinada no es folclore: el vino sazona la carne hasta el hueso y se convierte después en la salsa. Saltársela es quitarle al plato la mitad.
Las cebollitas y los champiñones se doran aparte y entran al final. Estofados desde el principio serían sombras pálidas; así conservan color y mordida.
