La salsa brava de verdad es harina tostada con pimentón y aligerada con caldo. El tomate es cosa de bares para turistas, y en Madrid pasa por falsificación.
La patata se fríe dos veces: primero a 140 grados hasta que esté tierna, después a 190 para la costra. En una sola pasada sale o cruda por dentro o acorazada por fuera.
La salsa se sirve caliente y cae sobre la patata caliente en el último segundo. A los tres minutos la costra empieza a rendirse.
