La base del sabor es el hogao: cebolla, tomate y cebolla larga fritos hasta hacerse pasta. Es el sofrito colombiano, y sin él el caldo queda hueco.
La mazorca entra partida por la mitad, no desgranada. Suelta su dulzor al caldo en una hora de cocción, y la mazorca entera es la única manera de conseguirlo.
El sancocho se cuece a fuego de leña en el patio y se come el domingo entre muchos. No es sopa de diario: en Colombia las porciones se cuentan por olla, no por persona.
