La doble fritura es obligatoria: la primera ablanda el almidón, la segunda levanta la costra. En una sola pasada sale o el centro crudo o una lámina seca y dura.
Entre fritura y fritura, las rodajas se aplastan y se mojan un segundo en agua con sal y ajo. Esa agua se vuelve vapor por dentro en la segunda fritura y el centro queda tierno.
El plátano, estrictamente verde. El maduro se carameliza y se convierte en maduros — otro plato, dulce, y confundirlos no se perdona.
