Juntar dos listas produce repeticiones enseguida, y a partir de unas cincuenta líneas ya no se localizan a ojo. La herramienta borra toda línea que ya había aparecido y conserva la primera.
Lo importante es qué cuenta como igual. «Garcia@example.es» y «garcia@example.es» son la misma dirección, porque la parte de detrás de la arroba no distingue mayúsculas; en cambio «nuñez» y «nunez» son dos cadenas distintas aunque detrás esté la misma persona.
Lo que la comparación no ve
Se comparan cadenas, no significados. Un espacio duro invisible al final de la línea, una ñ escrita como n con tilde suelta encima en lugar de como una sola letra, un tabulador donde debería haber un espacio: cualquiera de esas cosas convierte una repetición en una línea propia.
La opción de ignorar los espacios de los extremos resuelve el caso más frecuente. Quien haya copiado desde un Mac debería además comprobar si las eñes vienen descompuestas, y para eso está el inspector de caracteres Unicode.
Ordenar por repeticiones
Cuando lo que interesa es qué entrada aparecía más veces, conviene ordenar por repeticiones en lugar de alfabéticamente. En registros de errores y en listados de búsquedas esa suele ser la pregunta real: no qué líneas hay, sino cuáles se repiten.
El número que acompaña a cada línea en el resumen cuenta todas sus apariciones, no solo las borradas. Una línea marcada con «3 veces» estaba tres veces en la lista y queda una vez en el resultado.