El esfuerzo total sale del temario dividido entre el ritmo propio, multiplicado por el número de vueltas. La segunda vuelta cuesta aproximadamente la mitad y la tercera un cuarto: repasar va más rápido que aprender de cero.
Dividido entre los días disponibles aparece la cifra que de verdad importa. Si pasa de seis horas, lo que hay sobre la mesa no es un plan sino un deseo.
Por qué más de seis horas al día rara vez funciona
Estudiar concentrado no es lo mismo que estar sentado. La investigación sobre práctica deliberada encuentra un techo de cuatro o cinco horas diarias, por encima del cual la calidad cae tanto que el tiempo extra apenas aporta.
Quien planifica doce horas estudia cinco y está sentado siete. Un plan de seis horas reales con un día libre a la semana se cumple más veces que uno de diez, y por eso rinde más.
Repartir gana a concentrar
El mismo temario repartido en varios días se retiene mucho mejor que estudiado de golpe. Es uno de los resultados más sólidos de la investigación sobre aprendizaje, y la razón de que la calculadora trabaje con varias vueltas en vez de una larga.
Conviene además espaciar cada vez más: primera vuelta, la segunda a los dos días, la tercera a la semana. Para el reparto de horas no cambia nada; para lo que queda en la cabeza, todo.