El coste del combustible de un viaje es una multiplicación: kilómetros por consumo cada cien kilómetros por precio del litro, dividido entre cien. Todo lo demás es decidir qué números se meten.
El consumo homologado de la ficha técnica rara vez sirve. El bueno es el que da el ordenador de a bordo a lo largo de varios depósitos; en autopista suele estar un litro o dos por encima del de catálogo.
El combustible no es todo el coste del viaje
A la gasolina hay que sumarle depreciación, neumáticos, mantenimiento y seguro. En un coche compacto, el combustible suele ser alrededor de un tercio del coste real por kilómetro.
Aun así, para decidir cuánto cobrar a quien va de copiloto, el combustible es la cifra correcta: lo demás se paga igual con el coche parado. Para comparar con el tren, en cambio, hay que contarlo todo.
Por qué el consumo sube más deprisa que la velocidad
La resistencia del aire crece con el cuadrado de la velocidad y la potencia necesaria para vencerla, con el cubo. Pasar de 100 a 130 km/h dispara el consumo alrededor de un tercio, aunque la velocidad solo suba un treinta por ciento.
En 420 kilómetros eso significa que ir más despacio ahorra bastante más combustible de lo que sugiere la media hora que se pierde. Para verlo, basta con probar los dos consumos uno detrás de otro.