Litros a los cien y millas por galón van en sentidos opuestos: en uno cuanto menos mejor y en el otro cuanto más. Entre ellos no hay una multiplicación sino un inverso, y por eso convertirlos de cabeza resulta tan incómodo.
Además «mpg» puede significar dos cosas distintas. El galón británico es un veinte por ciento mayor que el estadounidense, así que el mismo coche saca una cifra bastante mejor en el Reino Unido.
Por qué el inverso engaña a la intuición
Pasar de 4 a 5 litros a los cien es el mismo salto que un veinticinco por ciento más de gasto. En mpg se ve distinto: de 59 a 47, la cifra cae doce puntos y parece más grave de lo que es.
Al revés, mejorar de 15 a 20 mpg ahorra más combustible que mejorar de 40 a 50, aunque el salto parezca menor. Por eso la etiqueta estadounidense incluye ahora también «galones por cada 100 millas».
El consumo homologado y el real
Desde 2017 rige en Europa el ciclo WLTP, que mide de forma más realista que el antiguo NEDC. Aun así, el consumo de la calle suele quedar entre un diez y un veinte por ciento por encima, porque en el ciclo no hay aire acondicionado ni ritmo de autopista.
En los híbridos enchufables la brecha es la mayor de todas: su cifra homologada da por supuesto que se circula mucho en eléctrico. Quien no enchufa con regularidad multiplica el dato del catálogo.