La distancia de detención tiene dos partes: la de reacción, que el coche recorre sin frenar mientras el conductor percibe y decide, y la de frenado propiamente dicha. A 100 km/h y un segundo de reacción ya han pasado 28 metros antes de que el freno actúe.
La distancia de frenado crece con el cuadrado de la velocidad. El doble de velocidad son cuatro veces más metros — por eso pasar de 50 a 100 km/h no duplica la distancia, la cuadruplica.
La fórmula y la regla práctica
Físicamente la distancia de frenado es el cuadrado de la velocidad dividido entre el doble del producto del rozamiento por la gravedad. En km/h se simplifica en la conocida expresión v² entre 254 por el coeficiente de rozamiento.
La regla que se enseña en autoescuela usa la décima parte de la velocidad: la de reacción es esa décima por tres y la de frenado esa décima al cuadrado. Da cifras razonables en seco y se queda muy corta en mojado.
La velocidad residual es el dato de verdad
Dos coches frenan en el mismo punto, uno desde 50 y otro desde 60 km/h. Donde el primero ya está parado, el segundo sigue circulando a unos 41 km/h — y es esa velocidad residual la que decide la gravedad de un atropello.
Por eso diez km/h de más en ciudad pesan mucho más de lo que suenan. La energía crece con el cuadrado: 60 en lugar de 50 son un 44 por ciento más de energía que tiene que ir a alguna parte.