El ritmo es el tiempo que se tarda en un kilómetro y es la magnitud habitual al correr, al contrario que en ciclismo, donde se piensa en kilómetros por hora. Cinco minutos por kilómetro equivalen a 12 km/h.
Las dos cifras dicen lo mismo, pero el ritmo se sostiene mejor sobre la marcha: el reloj enseña si el último kilómetro ha ido más rápido o más lento que lo previsto sin tener que dividir mentalmente.
Por qué la previsión a distancias largas peca de optimista
Multiplicar sin más da por hecho que el ritmo se aguanta indefinidamente. En realidad todo corredor se frena al alargar la distancia: el maratón suele correrse entre veinte y treinta segundos por kilómetro más lento que la media maratón.
La fórmula de Riegel lo recoge con un exponente de 1,06: al doblar la distancia, el tiempo no se dobla, se multiplica por 2,08 aproximadamente. Aquí se muestra la previsión lineal, que sirve como techo de lo alcanzable.
Ritmo, pulso y sensaciones
Un ritmo fijo no es un entrenamiento fijo: con viento en contra, cuesta arriba o con calor, la misma cifra supone bastante más esfuerzo. Quien entrena solo por ritmo acaba apretando de más esos días.
Por eso casi todos los planes gobiernan el rodaje suave por pulso o por respiración y dejan el ritmo para las series. La regla práctica: en rodaje suave hay que poder hablar con frases enteras.