En natación el ritmo se expresa como tiempo por cien metros. Mil metros en 22:30 son 2:15 por cada cien, que es la cifra con la que trabajan los planes de entrenamiento y las marcas de competición.
A diferencia de la carrera, aquí cuenta además la longitud de la piscina. En una de 25 metros hay el doble de virajes que en una de 50, y cada viraje aporta una pequeña ventaja por el impulso contra la pared.
Por qué se nada más rápido en piscina corta
Al impulsarse contra la pared se va más deprisa que nadando. El doble de virajes supone por eso una ventaja de tiempo que, según el estilo y la distancia, ronda entre uno y dos segundos por cada cien metros.
De ahí que los récords se lleven por separado en piscina corta y en olímpica. Quien quiera comparar sus marcas tiene que saber en qué vaso se hicieron: si no, está comparando dos cosas distintas.
Lo que el ritmo no recoge
El tiempo por cien metros no dice nada de la eficiencia. Dos nadadores con la misma marca pueden diferir mucho en número de brazadas, y quien necesita menos para el mismo largo nada mejor técnicamente y ahorra fuerza.
Por eso en el entrenamiento se usa el SWOLF: tiempo de un largo más número de brazadas. Premia a la vez la velocidad y la técnica, y es la medida más honesta del progreso.