En el sistema alemán se amortiza siempre la misma cantidad de capital y la cuota va bajando: como el capital pendiente se reduce, los intereses sobre él son cada vez menores.
Con 60 000 euros a diez años son 500 euros de capital al mes. La primera cuota, con 250 euros de intereses, sale a 750; la última, a poco más de 502 — y en conjunto se pagan menos intereses que en el sistema francés.
Por qué sale más barato
Porque desde el primer mes se amortiza más: esos 500 euros van íntegros contra el capital, mientras que en el francés, al mismo plazo, la primera cuota amortiza bastante menos. Menos capital pendiente significa menos intereses.
El precio es una carga inicial más alta. Y ahí está el motivo de que apenas se ofrezca a particulares: el banco mide la capacidad de pago por la cuota más alta, que en este sistema cae justo al principio.
Dónde sí se usa
En administraciones públicas y empresas es habitual, porque los ingresos son previsibles y la carga decreciente encaja con el ritmo de amortización contable. También aparece en préstamos oficiales de organismos de fomento.
Para un particular la comparación sigue mereciendo la pena: quien pueda con la primera cuota ahorra de forma apreciable. Y donde el banco no lo ofrezca, una amortización anticipada periódica consigue un efecto parecido.