Un objetivo de ahorro tiene dos incógnitas ligadas entre sí: la aportación mensual y el tiempo. Fijada una, sale la otra, y el interés empuja las dos a favor de quien ahorra.
Al 2,5 % y a cinco años el interés todavía hace poco; a quince años ya sostiene una parte importante del objetivo. Por eso empezar pronto rinde más que aportar mucho.
Por qué el interés compuesto tarda en notarse
Los intereses se generan sobre lo ya acumulado. El primer año esa cantidad es pequeña y el décimo es grande, así que la parte que aportan los intereses no crece de forma pareja, sino cada vez más deprisa.
Con 250 euros al mes al 2,5 %, a los cinco años los intereses son alrededor de un 6 % del saldo final, y a los veinte años casi una cuarta parte. La curva no se empina hasta pasados unos años.
Lo que la cuenta no incluye
Los rendimientos del ahorro tributan en el IRPF dentro de la base del ahorro, con tipos que arrancan en el 19 %. La calculadora muestra el importe antes de impuestos.
Tampoco descuenta la inflación. Veinte mil euros dentro de diez años, con una subida de precios del 2 %, compran lo que hoy comprarían unos 16.400: el objetivo conviene pensarlo en poder adquisitivo, no en cifra nominal.