Un IBAN lleva su propia comprobación dentro: los dos dígitos que siguen al código de país están elegidos de forma que el número entero, leído como cifra, dé resto 1 al dividirlo entre 97. Un baile de cifras destruye casi siempre esa propiedad.
Es solo una cuenta. Dice que el número se ha copiado bien, no que la cuenta exista ni de quién es.
Cómo funciona el método módulo 97
Primero los cuatro primeros caracteres pasan al final y después cada letra se sustituye por un número: la A es 10, la B es 11 y así hasta la Z, que es 35. De ES91 salen por tanto 1428 y 91. Queda una cifra larguísima cuyo resto al dividir entre 97 tiene que ser exactamente 1.
Como esa cifra es demasiado grande para cualquier tipo de dato normal, se calcula por trozos: cifra a cifra, arrastrando solo el resto en cada paso. El método viene de la norma ISO 7064 y detecta cualquier transposición de dos cifras y cualquier dígito equivocado.
Lo que la comprobación no puede hacer
No conoce la entidad, ni el saldo, ni el titular. Un IBAN inventado pero aritméticamente correcto pasa la prueba sin problema: es una protección contra erratas, no contra fraudes.
Desde la llegada de SEPA los bancos tampoco comprueban que el nombre y el número de cuenta coincidan. El reglamento de transferencias inmediatas introduce para eso una verificación del beneficiario que contrasta el nombre antes de autorizar el envío.