Si un patrimonio llega o no lo decide no la rentabilidad ni la inflación, sino la distancia entre ambas. Un cinco por ciento de rentabilidad con un dos de inflación son en términos reales algo menos de tres, y solo ese tres está disponible de forma duradera.
La calculadora avanza año a año: el patrimonio crece con la rentabilidad, la retirada crece con la inflación, y en algún momento una adelanta a la otra — o no lo hace.
Qué hay detrás de la regla del 4 %
Sale de un estudio sobre datos históricos del mercado estadounidense y dice que una retirada inicial del cuatro por ciento, ajustada cada año a la inflación, aguantó treinta años en casi todos los años de inicio posibles.
Es una regla gruesa, no una garantía: parte de un peso concreto en renta variable, de un país concreto y de un horizonte de treinta años. Quien planifica cuarenta o invierte de otra manera debería calcular con más prudencia.
Por qué importa el orden de las rentabilidades
Esta cuenta supone una rentabilidad constante. En la realidad oscila, y lo que decide es cuándo llegan los años malos: quien sufre una caída en los primeros años de retirada vende participaciones a precios bajos y ya no lo recupera después.
La misma caída a los veinte años se digiere sin problema. Por eso un colchón en activos seguros para los primeros años y una retirada flexible en los años malos son más eficaces que cualquier refinamiento del cálculo con medias.