En la tienda la financiación se anuncia con dos números: la cuota y los meses. Con eso basta para saber si cabe en la nómina, pero no para saber cuánto cuesta el dinero. Esta calculadora hace el resto: multiplica la cuota por los meses, le suma la comisión de apertura y pone ese total frente a lo que de verdad estás financiando, que es el precio menos la entrada.
El dato que más sorprende no es el recargo en euros, sino la tasa que se deduce de él. Aquí no se reparte el recargo entre los meses ni se multiplica nada por doce: se busca la tasa mensual con la que el valor actual de las cuotas iguala el importe financiado menos la comisión de apertura —la TIR de la operación— y después se lleva a año capitalizándola, es decir, elevando uno más esa tasa a la duodécima potencia y restando uno. Suele salir bastante más alta de lo que sugiere el cartel.
El «cero por ciento» rara vez es cero
«Sin intereses» describe una cláusula del contrato, no el coste de la operación. El precio con financiación puede ser más alto que el de pago al contado; puede haber comisión de apertura o de estudio; puede aparecer un seguro de protección de pagos que se cobra al margen de las cuotas. Nada de eso se llama interés, y las tres cosas suben lo que acabas pagando. Por eso conviene apuntar dos precios distintos: el que te hacen si pagas de una vez y el que resulta de multiplicar la cuota por los meses.
En la calculadora eso se traduce en dos casillas. En el precio pon el importe que figura en el contrato de financiación, no el del escaparate si son distintos: esa diferencia es coste financiero disfrazado de precio y cuenta como tal. En la comisión pon lo que te cobran una sola vez al firmar, porque basta ella sola para que el cero deje de serlo: mil doscientos euros en doce cuotas de cien no cuestan nada y la TAE sale cero, pero con cincuenta euros de comisión la misma operación se pone en un 8,2 % anual mientras el cartel sigue anunciando cero. El total que ves abajo suma cuotas y comisión, pero no la entrada, y es a propósito: la entrada es dinero tuyo que sale del bolsillo el primer día, no dinero que te prestan, y mezclarlas emborronaría la comparación.
Por qué un recargo del diez por ciento no es un diez por ciento anual
Imagina mil doscientos euros financiados a doce meses en cuotas de ciento diez: ciento veinte euros de recargo, un diez por ciento del importe. La tentación es decir «un diez por ciento anual» y quedarse tranquilo. La calculadora devuelve casi el doble, un 19,5 %. La razón es que la deuda no se queda quieta: cada cuota amortiza una parte, a mitad de plazo ya debes solo la mitad y la última cuota liquida lo que queda. De media has tenido prestado algo más de la mitad del importe —en torno al 56 % en este ejemplo—, así que ese recargo se ha cobrado sobre esa media y no sobre el total.
La ecuación no tiene solución cerrada, así que se resuelve por bisección: se parte el intervalo en dos una y otra vez hasta dar con la tasa mensual que cuadra las cuentas, aquella con la que el valor actual de todas las cuotas coincide con el importe financiado menos la comisión, porque esa comisión sale el primer día y reduce lo que de verdad recibes. En el ejemplo esa tasa mensual es del 1,4977 %. Multiplicada por doce daría un 17,97 %, que es como se expresa un tipo nominal; capitalizada doce veces, que es como corre el dinero, da el 19,53 % que aparece en pantalla. Y si la suma de las cuotas no llega a superar ese importe financiado menos la comisión, la calculadora deja la tasa en cero en vez de inventarse una.
La comparación con un préstamo al mismo plazo
La última casilla de entrada es el tipo nominal de un préstamo cualquiera que te sirva de referencia. Con ese tipo la calculadora monta una cuota constante por el sistema francés sobre el mismo importe financiado y el mismo número de meses, y la multiplica por los meses para obtener su total. Ese total se compara con el de la financiación —cuotas más comisión— y el veredicto dice cuál de las dos vías cuesta menos; si los dos totales coinciden al céntimo, también lo dice. Si el tipo que escribes es cero, la cuota se reduce a repartir el importe entre los meses.
Conviene leer esa comparación por lo que es: dos totales calculados con los datos que tú has escrito. El préstamo de referencia se toma limpio, sin comisión de apertura ni seguro vinculado, de modo que si el que te ofrecen los lleva tendrás que sumarlos a mano para que la balanza sea justa. Tampoco entran aquí las tarjetas revolving, cuya deuda no se extingue en un plazo fijo, ni los intereses de demora. Y hay un papel que sí puedes exigir antes de decidir: la normativa española de crédito al consumo obliga al prestamista a entregarte, antes de firmar, la información normalizada europea con la TAE y el coste total del crédito. Ese documento, y no el cartel del escaparate, es el que hay que poner al lado de estos números.