El fondo de emergencia se mide en meses de gastos, no en una cifra redonda que suene bien. Escribe lo que se te va cada mes, cuántos meses quieres tener cubiertos, lo que ya tienes apartado y lo que puedes apartar cada mes: la calculadora devuelve el objetivo, la diferencia que queda por reunir, los meses que tu ahorro actual ya cubre y el plazo que tardarías en completarlo con esa aportación.
La cuenta se hace sobre los gastos y no sobre el sueldo, y esa distinción cambia el resultado. Con 3.000 € de ingresos y 2.000 € de gastos, tres meses de colchón son 6.000 €, no 9.000 €. El colchón cubre lo que sigues teniendo que pagar cuando el ingreso falla; los 1.000 € que cada mes sobraban no hay que reemplazarlos, porque no eran gasto obligado. Apuntar al ingreso infla el objetivo y alarga el plazo sin ninguna razón.
Por qué aquí no se suman intereses
Esta calculadora no aplica ningún tipo de interés, y es una decisión tomada, no un olvido. El dinero de un fondo de emergencia tiene que estar donde se pueda sacar el mismo día en que hace falta: una cuenta corriente, una cuenta de ahorro sin plazo, algo que se mueva con una transferencia y esté disponible esa misma tarde. Esas cuentas apenas rinden, y poner un crecimiento en la pantalla sería vender rentabilidad justo donde el dinero se guarda por otro motivo: poder sacarlo sin pedir permiso ni esperar.
Por eso el plazo que ves sale de una división limpia: lo que falta dividido entre lo que aportas cada mes. Si faltan 3.500 € y apartas 300 € al mes, son algo menos de doce meses, sin más vueltas. Añadir una rentabilidad acortaría el plazo sobre el papel a cambio de dar por hecho que el dinero estará entero y disponible el día del susto: un depósito a plazo no lo está hasta el vencimiento, y un producto expuesto al mercado puede valer menos justo ese día. Invertir es otra cuenta y, sobre todo, otro dinero.
Tres meses, seis o más
Tres meses es el punto de partida que más se repite para quien tiene contrato indefinido, un sector tranquilo y otra nómina entrando en casa. Da margen para una baja, una avería seria o el hueco entre dos empleos cuando el hueco es corto. Con esos mismos 2.000 € de gastos mensuales, el objetivo son 6.000 €, y cada mes que añades al campo de meses suma otros 2.000 € a la cifra. Es una referencia de partida, no una regla: la calculadora acepta el número de meses que le pongas.
Seis meses o más encaja mejor con un autónomo de facturación irregular, con un hogar que vive de un solo sueldo o con quien trabaja en un sector que despide por temporadas. En la Encuesta de Población Activa del INE (Instituto Nacional de Estadística), una parte nada pequeña de los parados lleva más de un año buscando empleo, y el colchón se dimensiona pensando en ese plazo y no en el mejor de los casos. Sube el número de meses y comprueba cuánto se aleja el objetivo antes de darlo por bueno.
Lo que devuelve y lo que se queda fuera
Los meses cubiertos hoy salen de dividir lo que ya tienes entre el gasto mensual, y suelen ser el dato más útil de la pantalla: dicen en qué punto estás ahora, al margen del objetivo que te hayas marcado. Con 2.500 € guardados y 2.000 € de gastos, tienes un mes y cuarto cubierto. En cuanto el ahorro alcanza o supera el objetivo, lo que falta se queda en cero y la herramienta lo dice con todas las letras, en lugar de enseñar un número negativo.
Si todavía queda algo por reunir y la aportación mensual es cero, no hay plazo que calcular y así se indica: sin apartar nada, el objetivo no llega. Es preferible esa respuesta a una fecha inventada. Tampoco entran la inflación ni la subida futura de los gastos; para eso están el material de educación financiera del Banco de España y el índice de precios que publica el INE (Instituto Nacional de Estadística). Meterlos aquí convertiría una división transparente en una proyección llena de supuestos sin comprobar.