El índice de rotación es el coste de las ventas dividido entre el stock medio. Con 480 000 euros de coste y 80 000 de stock medio, el almacén gira seis veces al año: se renueva por completo cada 61 días.
Lo que cuenta es el coste de las ventas, no la facturación. Quien usa la facturación mete el margen comercial dentro y obtiene una rotación inflada, un error que embellece siempre la situación real.
Por qué cada rotación de más libera dinero
Si la rotación pasa de seis a siete, el stock medio necesario baja de 80 000 a 68 600 euros. Esos algo más de 11 000 euros son liquidez disponible de inmediato, y además dejan de generar coste de almacenamiento.
Con un coste del 20 por ciento son más de 2 200 euros al año que no exigen ni subir precios ni conseguir un cliente nuevo. Por eso en el comercio la rotación es de las pocas cifras que llegan directas al resultado.
Dónde una rotación alta se vuelve peligrosa
Una rotación muy alta significa stocks finos, y un stock fino significa quedarse sin servir en cuanto algo se tuerce. El coste de un pedido perdido no aparece en ninguna métrica de almacén.
Lo razonable es mirar la rotación por familias de producto. Lo que se vende rápido tolera stocks ajustados, mientras que los recambios y lo que se pide poco pueden reposar a propósito: el promedio de todo esconde las dos cosas.