El stock de seguridad amortigua dos incertidumbres: la demanda oscila y el plazo de entrega también. Las dos se combinan de forma cuadrática, porque rara vez se dan las dos en su extremo a la vez.
El factor de servicio decide cuánta seguridad se busca. Un 95 por ciento corresponde al factor 1,65: en diecinueve de cada veinte ciclos de reposición el stock aguanta. Para un 99,9 hace falta el factor 3,09, casi el doble de colchón por los últimos cinco puntos.
Por qué los últimos puntos salen tan caros
El factor de servicio no crece de forma lineal, sino según la distribución normal. Del 90 al 95 por ciento pasa de 1,28 a 1,65, pero del 99 al 99,9 salta de 2,33 a 3,09: cada décima adicional cuesta mucho más que la anterior.
Por eso el nivel de servicio se escalona por familias. Un componente que pararía la producción merece un 99 por ciento; un consumible con tres proveedores se apaña con un 90, y la diferencia en capital inmovilizado es considerable.
El punto de pedido es la cifra de trabajo
El stock de seguridad por sí solo no dice cuándo hay que pedir. Para eso se le suma el consumo previsto durante el plazo de entrega: punto de pedido es demanda diaria por plazo más stock de seguridad.
Cuando el stock baja de ese valor, se pide, por lleno que parezca el almacén. Ahí fallan muchos sistemas de reposición: avisan cuando ya se ha empezado a tocar el colchón, y entonces es tarde.