El orden importa: primero se descuenta el descuento comercial de la base, luego se suma el IVA sobre la base ya rebajada y, por último, se resta la retención de IRPF, que se calcula también sobre la base y nunca sobre el IVA.
Con 5 000 euros de base, un 5 por ciento de descuento, un 21 de IVA y un 15 de retención salen 4 750 de base, 997,50 de IVA, 712,50 de retención y 5 035 euros a pagar.
La retención no es un gasto
Lo retenido no se pierde: la empresa que paga lo ingresa en Hacienda a cuenta del IRPF de quien emite la factura. En la declaración anual se descuenta de la cuota, así que quien factura acaba cobrándolo igualmente, solo que más tarde.
Lo que sí supone es un problema de tesorería para el que empieza. Con un 15 por ciento retenido, de cada factura entra un 15 menos hasta la declaración, y esa diferencia hay que financiarla mientras tanto.
El pronto pago es el crédito más caro que se rechaza
Un 2 por ciento de descuento por pagar a 10 días en lugar de a 30 significa pagar un 2 por ciento por veinte días más de plazo. Llevado al año son más de un 36 por ciento, mucho más caro que cualquier póliza de crédito.
Por eso casi siempre compensa coger el pronto pago, aunque sea tirando de la línea de crédito. La calculadora da el tipo anual equivalente para que la decisión se tome con un número y no por intuición.