Cinco grados no se sienten igual con el aire en calma que con viento. Con 5 °C y un viento de 25 km/h la sensación térmica cae a 0,5 °C: cuatro grados y medio que no marca ningún termómetro, porque el termómetro mide el aire y usted lo nota en la piel.
Detrás de esa cifra no hay una fórmula, sino dos. En el frío se aplica el enfriamiento por viento; en el calor, el índice de calor de Rothfusz, que tiene en cuenta la humedad. Cada una vale en un extremo de la escala y ninguna en el centro, y aquí se le dice cuándo ocurre eso en lugar de rellenar el hueco con un número inventado.
Dos fórmulas y un hueco en medio
El enfriamiento por viento solo se aplica por debajo de 10 °C y con viento superior a 4,8 km/h. El índice de calor, solo por encima de 27 °C. Entre esos dos límites no existe ninguna fórmula aceptada, así que la sensación térmica es la temperatura medida: a 18 °C con 30 km/h de viento el resultado sigue siendo 18 °C, y así se muestra.
Los umbrales parecen arbitrarios porque en origen no estaban en grados Celsius: 10 °C son 50 °F, los 27 °C redondean los 80 °F y los 4,8 km/h son tres millas por hora. Ese último umbral no es un detalle de forma. Con 1 km/h de viento la fórmula devolvería +1,8 °C para un aire que está a 0 °C, o sea, más caliente de lo que hay; por debajo de 4,8 km/h no se calcula nada.
El viento enfría la piel, no las cosas
El enfriamiento por viento describe a qué velocidad pierde calor un cuerpo caliente por la piel descubierta. No es una temperatura del aire. Un coche aparcado a −2 °C con viento llegará antes a −2 °C, pero no bajará de ahí: el líquido limpiaparabrisas que aguanta hasta −5 °C no se va a congelar porque la sensación térmica marque −10 °C, ya que el aire sigue estando a −2 °C.
La velocidad cuenta cada vez menos, porque entra elevada a 0,16. Con el aire a 0 °C, un viento de 5 km/h deja la sensación en −1,6 °C; 30 km/h, en −6,5 °C; y 60 km/h, en −8,8 °C. Los primeros 30 km/h restan seis grados y medio, y doblar el viento hasta 60 solo resta 2,3 más.
Con calor manda la humedad
El cuerpo se refrigera sudando, y el sudor solo enfría cuando se evapora. Si el aire ya va cargado de vapor, la evaporación se frena y el calor se queda dentro. A 32 °C la diferencia es enorme: con un 40 % de humedad el índice da 32,3 °C, y con un 70 %, 40,4 °C. Ocho grados de distancia con el mismo número en el termómetro.
De ahí que 38 °C secos de interior, con un 25 % de humedad, se queden en 37,9 °C de sensación, mientras que 32 °C de costa con un 70 % se disparan a 40,4 °C. Con aire seco el índice llega a caer por debajo de lo medido —30 °C con un 20 % dan 28,2 °C— y aquí no se corrige al alza: eso es lo que dice la fórmula.