El índice de masa corporal relaciona el peso con el cuadrado de la altura. Es deliberadamente tosco: una sola cifra con la que comparar poblaciones enteras.
Para una persona concreta dice, en consecuencia, poco. La masa muscular cuenta igual que la grasa, y la distribución de esa grasa —más determinante para el riesgo que la cantidad— no aparece por ningún lado.
Los límites de la OMS
Bajo peso por debajo de 18,5; normopeso hasta 25; sobrepeso hasta 30; a partir de 30 obesidad, en tres grados. Estos límites valen para adultos entre 18 y 65 años.
En niños se usan percentiles en lugar de límites fijos, porque la constitución cambia con la edad. Un IMC de 17 es normal a los ocho años y bajo peso en un adulto.
Lo que el IMC no ve
Un deportista de fuerza de 100 kg y 1,80 m sale con un IMC de 30,9 y queda clasificado como obeso aunque su porcentaje de grasa sea bajo. Al revés, con poca masa muscular un IMC dentro del intervalo puede esconder demasiada grasa abdominal.
Para el riesgo cardiovascular resulta más informativo el perímetro de cintura: a partir de 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres sube de forma clara, con independencia del IMC.