La cafeína se elimina de forma exponencial: en una semivida desaparece la mitad y en dos, tres cuartas partes. En un adulto ronda las cinco horas, pero oscila entre tres y siete — por eso el café de la tarde a unos les da igual y a otros les cuesta media noche.
De 190 miligramos, dos tazas de café de filtro, a las ocho horas quedan 63. Eso es más o menos un espresso recién hecho, que casi nadie se tomaría justo antes de acostarse.
Qué mueve la semivida
Los anticonceptivos orales casi la duplican, y en el último tercio del embarazo pasa de diez horas. Fumar hace lo contrario y la reduce cerca de la mitad, de modo que dejar de fumar hace que el café de siempre pegue más fuerte.
También cuenta la genética: la actividad de la enzima CYP1A2, que se encarga de metabolizarla, varía mucho de una persona a otra. Quien duerme bien tras un espresso de noche no se lo está imaginando.
Por qué molesta al sueño aunque uno se duerma
La cafeína bloquea los receptores de adenosina, la vía por la que se acumula la presión de sueño. Uno puede dormirse igualmente, pero la proporción de sueño profundo baja de forma medible, y hay estudios que lo detectan con cafeína tomada seis horas antes de acostarse.
Por eso la cantidad que queda a la hora de dormir es mejor referencia que la hora del último café. Quien toma tarde pero poco sale mejor parado que quien se bebe medio litro de café a las cuatro.