El índice UV mide la radiación capaz de quemar: un índice de uno equivale a 25 milivatios por metro cuadrado. Cuánto lo aguanta una piel depende de la energía que soporta hasta enrojecer, y eso es el fototipo.
De ambas cosas sale el tiempo de autoprotección. Con un índice de 7 y una piel clara son algo más de veinte minutos; con piel oscura, varias veces más.
Lo que promete el factor de protección y lo que cumple
El factor indica por cuánto se multiplica el tiempo hasta el enrojecimiento, en laboratorio y con dos miligramos de crema por centímetro cuadrado de piel. Para un cuerpo adulto son unos 35 mililitros, alrededor de seis cucharaditas, así que un bote de 200 mililitros da para seis aplicaciones.
En la práctica la mayoría se pone entre un cuarto y la mitad de esa cantidad. La protección no baja de forma proporcional sino más deprisa: con la mitad de crema, de un FPS 30 queda sobre el papel su raíz, algo más de 5. La calculadora aplica de forma conservadora un tercio del factor indicado.
Por qué el tiempo no es un saldo
Volver a aplicar crema no alarga el tiempo de protección: solo restituye la que se han llevado el sudor, el agua y el roce. Quien ha agotado su tiempo tiene que salir del sol, no coger el bote.
Además la dosis UV se suma a lo largo del día. Dos ratos de media autoprotección cada uno son juntos una entera: la piel lleva la cuenta aunque en medio hubiera sombra.