La fórmula de Widmark relaciona el alcohol ingerido con el agua del cuerpo: gramos de alcohol divididos entre el peso por un factor de distribución. Es de los años treinta y sigue siendo la base de cualquier estimación de alcoholemia.
Lo que da es una estimación con mucho margen. El ritmo al beber, la comida en el estómago, la costumbre y el estado del día mueven el resultado varias décimas, en los dos sentidos.
La eliminación no se puede acelerar
El hígado elimina entre 0,10 y 0,20 gramos por litro y hora; se suele calcular con 0,15. Ese ritmo es prácticamente constante y no depende de cuánto se haya bebido.
El café, la ducha fría, el deporte o comer algo no cambian nada. Espabilan, que no es lo mismo que estar sobrio, y esa confusión es justo la peligrosa: aparenta una capacidad de conducir que no existe.
Los límites al volante
El Reglamento General de Circulación fija 0,5 gramos por litro en sangre y 0,25 miligramos por litro en aire espirado. Para conductores noveles —los dos primeros años— y profesionales el límite baja a 0,3 y 0,15.
Superar 0,60 mg/l en aire espirado deja de ser infracción administrativa y pasa a ser delito contra la seguridad vial, con penas de prisión, multa o trabajos comunitarios además de la retirada del permiso.