Los gatos envejecen muy deprisa al principio: el primer año equivale a unos quince años humanos y el segundo a nueve más. A partir de ahí el ritmo se estabiliza en torno a cuatro años humanos por año de gato.
Este reparto viene de las guías de etapas vitales de la medicina felina y no es una simple regla mnemotécnica: de él dependen las recomendaciones de alimentación, revisiones y analíticas.
Gato de interior o con acceso a la calle
Los gatos que viven solo en casa llegan de media a los quince o veinte años. Los que salen se quedan bastante por debajo, porque se suman el tráfico, las infecciones y las peleas por territorio.
Eso no cambia el ritmo de envejecimiento: una gata de diez años que sale es biológicamente igual de mayor que una de diez que no sale. Lo que cambia es la probabilidad de llegar a esa edad.
Cómo se nota la edad
A partir de los once años un gato se considera senior. Lo típico es un pelaje algo más áspero, menos ganas de saltar, siestas más largas y, con frecuencia, una insuficiencia renal o un hipertiroidismo que empiezan.
Las dos cosas pasan desapercibidas mucho tiempo porque los gatos disimulan el malestar. De ahí que se aconseje una analítica anual desde los siete años y semestral desde los once, aunque el animal parezca perfectamente sano.