Calculadora de tamaño de muestra para test A/B

Cuántas observaciones necesita cada variante de un test A/B según la conversión actual, la mejora que quieres detectar, la potencia y el nivel de significación.

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La tasa que mide hoy el grupo de control: escribe 5 si de cada cien visitas cinco acaban en conversión. Un número mayor que 0 y menor que 100.

En puntos, no en porcentaje relativo: pasar del 5 % al 7 % son 2 puntos. Sumada a la conversión actual no puede llegar al 100 %.

Probabilidad de detectar el efecto si de verdad existe. La convención es 80; la página admite valores por encima de 50 y por debajo de 100.

Riesgo aceptado de dar por buena una diferencia que es casualidad. La convención es 5, y se reparte entre las dos colas porque el contraste es bilateral. Admite valores por encima de 0 y por debajo de 50.

2214 observaciones por variante, 4428 en total. Se busca el salto hasta el 7 %, que en relativo es un 40 % más.

Observaciones por variante
2214
Total de observaciones
4428
Conversión objetivo (%)
7 %
Mejora relativa (%)
40 %
Nota de planificación
El tamaño crece con el cuadrado del inverso de la diferencia: querer detectar un punto porcentual en lugar de dos exige alrededor de cuatro veces más muestra. Calcúlelo ANTES del test: quien mira los datos mientras corren y para cuando la cifra le gusta convierte el nivel de significación en un dato vacío.

Antes de lanzar un test A/B conviene saber cuánta gente hace falta para que el resultado signifique algo. Esta calculadora parte de la conversión actual, del aumento que quieres poder distinguir, de la potencia y del nivel de significación, y devuelve cuántas observaciones necesita cada variante. Detrás está la aproximación normal con la que se comparan dos proporciones en un contraste bilateral, la misma familia de fórmulas que recoge el e-Handbook of Statistical Methods de NIST/SEMATECH.

El número que sale suele sorprender, y casi siempre por lo alto. Con una conversión actual del 5 %, con el objetivo de notar dos puntos porcentuales de mejora, 80 % de potencia y 5 % de significación, hacen falta 2.214 observaciones por variante: 4.428 en total. Si el tráfico no da para tanto en un plazo razonable, lo honesto es cambiar la pregunta, no el resultado.

Reducir a la mitad el efecto cuadruplica la muestra

El tamaño de la muestra no baja en proporción al efecto que quieres detectar, sino mucho más deprisa. En la fórmula, la diferencia entre las dos conversiones aparece elevada al cuadrado en el denominador, de modo que el número de observaciones es inversamente proporcional al cuadrado de esa diferencia: partir por la mitad el efecto que buscas multiplica por cerca de cuatro las observaciones necesarias. Pedirle a un test que note un punto porcentual en lugar de dos no cuesta el doble de tráfico: cuesta casi cuatro veces más.

Cuatro exactos casi nunca salen, porque al cambiar la mejora buscada cambia también la varianza que va en el numerador. Con una conversión actual del 5 %, buscar dos puntos deja la conversión media de las dos variantes en el 6 % y buscar uno la deja en el 5,5 %, algo menos dispersa; el cociente real entre ambos tamaños es 3,69. En cifras: 2.214 observaciones por variante para dos puntos y 8.159 para uno, con 80 % de potencia y 5 % de significación. Esa curva explica por qué las pruebas que buscan efectos pequeños casi nunca caben en el calendario de un sitio mediano.

Puntos porcentuales y porcentaje no son lo mismo

Dos maneras de decir lo mismo se confunden a diario y llevan a planificar pruebas equivocadas. El campo de la mejora a detectar se expresa en puntos porcentuales: pasar del 5 % al 7 % son dos puntos. Ese mismo salto, medido en relación con el punto de partida, es un 40 % de mejora, y así es como suele contarlo un informe de negocio. La calculadora devuelve las dos lecturas: la conversión objetivo, que sería del 7 %, y la mejora relativa, ese 40 %.

La confusión no es cosmética. Pedir dos puntos sobre una base del 5 % es pedir una mejora enorme; dos puntos sobre una base del 40 % son un 5 % relativo y bastante más creíble, aunque cuesten 9.494 observaciones por variante en lugar de 2.214. Antes de fijar la mejora a detectar conviene preguntarse qué aumento relativo sería realista para el cambio que se va a probar y traducirlo después a puntos. Elegir el efecto por lo que hace falta para justificar el proyecto, y no por lo que la intervención puede dar, es la forma más rápida de diseñar una prueba que nunca dirá nada.

Se calcula antes de empezar, no sobre la marcha

El número que da esta página solo vale si se fija antes de recoger un solo dato. La tentación es conocida: abrir el panel cada mañana, mirar cómo va la diferencia y detener la prueba el día que aparece un resultado significativo. Con ese procedimiento el 5 % de significación deja de valer un 5 %: cada mirada es una oportunidad más de tropezar con una casualidad favorable, y la probabilidad real de un falso positivo se dispara muy por encima de lo prometido.

La American Statistical Association ha insistido en este punto: un valor p no se interpreta al margen de cómo se recogieron y se analizaron los datos, y decidir sobre la marcha cuándo parar cambia lo que ese valor significa. Si el plan exige mirar antes de tiempo, existen diseños secuenciales que reparten el nivel de significación entre varias revisiones, pero son otra fórmula, no esta. Aquí la regla es simple: se anotan las observaciones por variante, se espera a reunir el total y solo entonces se mira el resultado.

Preguntas frecuentes

¿Qué valores de potencia y significación conviene usar?
Las convenciones son un 80 % de potencia y un 5 % de significación, y sirven como punto de partida razonable. Subir la potencia al 90 % reduce el riesgo de no ver un efecto que sí existe, pero encarece la prueba en torno a un tercio: en el ejemplo de arriba se pasa de 2.214 a 2.964 observaciones por variante. Bajar la significación al 1 % la encarece aún más, hasta 3.294. Elige ambos valores antes de calcular y no los retoques al ver el número.
¿Y si mi tráfico no llega al tamaño calculado?
Hay tres salidas honestas, y ninguna consiste en parar antes de tiempo. Puedes conformarte con detectar efectos mayores, subiendo la mejora a detectar; puedes bajar la potencia y asumir más riesgo de no ver nada, sin bajar del 50 %, que es donde la página deja de aceptar el valor; o puedes probar cambios más ambiciosos, que muevan de verdad la conversión. Alargar el calendario también vale, siempre que la estacionalidad no distorsione la medida.
¿Sirve el resultado para pruebas con más de dos variantes?
La fórmula compara dos grupos, el control y una variante, y por eso el total que ves es justo el doble de las observaciones por variante. Con tres o más variantes, cada comparación adicional multiplica las ocasiones de encontrar un falso positivo, así que hay que repartir el nivel de significación entre ellas y el total crece bastante más que en proporción al número de variantes. Como aproximación rápida, divide el 5 % entre el número de comparaciones —la corrección de Bonferroni— y vuelve a calcular.

Fuentes

Cifras vigentes en 2026. Los resultados son orientativos y no sustituyen a una asesoría laboral o fiscal.

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