La carga térmica de una habitación viene de varias fuentes: el calor que entra por muros y ventanas, la radiación solar a través del vidrio, las personas que hay dentro y todo lo que consume electricidad. Cada parte se mide en vatios y al final se suman.
La regla de «cien frigorías por metro cuadrado» ignora justo esas diferencias. Una habitación al norte sin aparatos pide bastante menos, y un despacho al sur con cuatro ordenadores el doble; por eso aquí se pregunta por cada partida.
El sol a través del cristal es la fuente mayor
Un metro cuadrado de ventana al sur sin protección deja entrar en un día de verano hasta 500 vatios de calor, más de lo que desprenden cinco personas juntas. Con cuatro metros cuadrados son 2.000 vatios que el equipo tiene que sacar.
Una protección por fuera reduce esa entrada alrededor de tres cuartas partes; las cortinas por dentro, solo una cuarta. Lo que cuelga detrás del cristal ya tiene el calor dentro de la habitación, y por eso el toldo rinde más que un equipo mayor.
Frigorías, BTU y vatios
En España se anuncian los equipos en frigorías por hora, en el resto del mundo en BTU. Una frigoría por hora son 1,163 vatios y un BTU por hora son 0,293: para pasar de frigorías a BTU se multiplica por cuatro, aproximadamente.
Los tamaños habituales de 3.000 frigorías, 4.500 y 6.000 corresponden a 3,5, 5,2 y 7 kilovatios. Sobredimensionar no conviene: el equipo enfría de golpe, para y deshumidifica poco, y la habitación queda fría pero húmeda.