Los gastos de una vivienda se dividen en dos grupos: los que dependen del consumo —luz, calefacción, agua— y los fijos, como la comunidad, la basura y el seguro. Los primeros se pueden bajar cambiando hábitos; los segundos, casi solo cambiando de casa.
En España la factura de la luz lleva además el término de potencia, que se paga aunque no se encienda nada. Ajustar la potencia contratada es de las pocas medidas que ahorran todos los meses sin renunciar a nada.
Qué consumos son normales
Un hogar español de dos personas gasta alrededor de 2.500 a 3.500 kilovatios hora de electricidad al año, y unos 130 litros de agua por persona y día, o sea unos 45 metros cúbicos anuales por persona.
En calefacción la horquilla es enorme y depende sobre todo de la zona climática: en la costa mediterránea puede quedarse por debajo de 30 kilovatios hora por metro cuadrado y año, y en el interior norte pasar de 100. Esa diferencia pesa más que todos los demás conceptos juntos.
Qué incluye la comunidad
La cuota de comunidad cubre limpieza, ascensor, portal, jardines, seguro del edificio y el fondo de reserva, que la Ley de Propiedad Horizontal fija en al menos el cinco por ciento del presupuesto anual.
Las derramas por obras van aparte y no son un gasto corriente. Conviene mirarlas al comprar: en un edificio antiguo sin reformar, una derrama de fachada o de ascensor puede superar varios años de cuotas.