Un termo no se dimensiona por el consumo del día sino por la punta: tiene que llegar cuando por la mañana se ducha todo el mundo seguido. Como referencia se cuentan de 30 a 50 litros por persona, y más si hay bañera.
Lo que importa no son los litros del depósito sino el agua de uso: 100 litros a 60 grados dan, mezclados con fría, unos 167 litros de ducha a 40. Por eso hace falta un termo más pequeño de lo que sugiere el consumo bruto.
Por qué 60 grados y no menos
La legionela se multiplica entre 25 y 45 grados y muere de forma fiable a partir de 60. El Real Decreto 487/2022 obliga a mantener el acumulador a 60 grados y a que salga a 50 en el punto más alejado en instalaciones sujetas a la norma.
En una vivienda unifamiliar con termo pequeño y tuberías cortas el riesgo es bajo y muchos fabricantes permiten 50 grados. Bajar la temperatura ahorra pérdidas de espera, pero conviene conocer el recorrido: el agua templada parada es el verdadero problema.
Las pérdidas de espera son el gasto silencioso
Un termo mantiene la temperatura las veinticuatro horas y pierde por ello entre uno y dos kilovatios hora al día según el aislamiento. Al año son de 350 a 700 kilovatios hora: a 0,15 euros, entre cincuenta y cien euros sin haber abierto un grifo.
Por eso un termo demasiado grande sale más caro que uno justo. Con un calentador instantáneo esa pérdida desaparece, pero la potencia necesaria es tan alta que condiciona la potencia contratada de toda la casa.