Los metros de tubo salen de dividir la superficie entre la separación: con quince centímetros son unos 6,7 metros de tubo por metro cuadrado. Para 25 metros cuadrados, algo más de 167 metros, más la ida y vuelta al colector.
Un circuito no debería pasar de cien metros, o la pérdida de carga se dispara y el agua llega fría al final. Las estancias grandes necesitan por eso varios circuitos, regulados por separado en el colector.
Por qué la impulsión puede ser tan baja
Un radiador entrega su calor por unos pocos metros cuadrados y necesita para ello temperaturas altas. El suelo radiante usa todo el suelo —diez veces más superficie en una estancia de 25 metros— y le bastan de 30 a 40 grados de impulsión.
Justo eso lo convierte en el compañero natural de la aerotermia: el rendimiento de una bomba de calor cae con cada grado de impulsión. Entre 35 y 55 grados hay alrededor de un treinta por ciento de consumo eléctrico de diferencia.
El límite de la temperatura superficial
La norma limita la temperatura del suelo a 29 grados en la zona de estancia y a 33 en la banda perimetral junto a la ventana. De ahí sale un máximo de unos cien vatios por metro cuadrado: el suelo no da más, por caliente que vaya el agua.
Si la carga térmica de una estancia supera esa cifra, el suelo radiante solo no llega. Pasa sobre todo en edificios sin rehabilitar y con mucho hueco acristalado; ahí se completa con radiadores o con superficie radiante en pared.